¿Estudiar garantiza una mejor vida? Película aborda los retos educativos en México
¿Para qué sirve ir a la escuela si terminar una carrera ya no garantiza una vida mejor? Esa es una de las preguntas que plantea Juan Alfonso Mejía, productor de “El fin de la escuela”, película que se estrena este miércoles.
La cinta busca llevar a las familias una discusión que, de acuerdo con Mejía, suele quedarse entre especialistas: qué están aprendiendo los estudiantes y para qué les sirve ese conocimiento en el futuro.
Dirigida por Carlos Armella y protagonizada por Ana Serradilla, la producción combina ficción y realidad para reflexionar sobre el propósito de las aulas en México, donde 34 millones de niñas, niños y jóvenes están matriculados.
¿Cuál es el propósito de la escuela?
En entrevista con EL UNIVERSAL, Mejía, exsecretario de Educación de Sinaloa y exdirector de Mexicanos Primero, explicó que el título de la película se refiere precisamente a la finalidad de las escuelas.
“El fin de la escuela es aprender. Es una invitación, sin duda provocadora, para que nos replanteemos una pregunta: ¿para qué quieres las escuelas?, ¿cuál es el propósito de la escuela?”, señaló.
El productor sostiene que México tiene 25% más licenciados, ingenieros y doctores, pero que al graduarse ganan 14% menos.
A partir de estos datos, considera necesario revisar la idea de que estudiar necesariamente permite mejorar las condiciones económicas y sociales.
“La escuela debería preguntarse si aquella promesa que se hizo de que si estudias te va a ir bien en la vida, y hoy no está sucediendo, debería replantearse cuál es su rol dentro de este ascensor social que un día funcionó”, afirmó.
La educación y el lugar donde nacemos
Mejía también cuestiona la movilidad social en México y señala que siete de cada 10 personas nacen y mueren en el mismo código postal.
“Entonces, ¿eso quiere decir quizás que nuestra mamá nos mintió? Que, a pesar de todo lo que hagas, si naciste en un código postal con muchas necesidades, ahí vas a morir, aunque acabes una licenciatura”, expuso.
Para el productor, estos datos obligan a discutir si el sistema educativo realmente está cumpliendo con la función de ofrecer mejores oportunidades a los estudiantes.
Una crisis que, asegura, no siempre se ve
La idea de realizar la película surgió a partir de la experiencia de Mejía en el gobierno federal, la Secretaría de Educación de Sinaloa y organizaciones civiles.
Desde esos espacios, explicó, observó que la pregunta sobre el aprendizaje de los estudiantes pocas veces aparece entre las principales exigencias de las familias o las autoridades.
“Rara vez las personas te exigen si los niños o las niñas están aprendiendo. Esa pregunta no existe, tampoco existe la pregunta del gobierno, de las familias o del entorno de para qué queremos la escuela”, sostuvo.
De acuerdo con Mejía, mientras las escuelas permanezcan abiertas, los maestros reciban a los alumnos y éstos permanezcan dentro de las aulas, muchas familias consideran que el sistema funciona.
“Lo más difícil del problema educativo es evidenciar que existe un problema. Hay una terrible desconexión entre una conversación que tiene que ver con una crisis educativa y una realidad funcional donde, si la escuela está abierta, las mamás, los papás y las familias no entienden cuál es el problema”, afirmó.
Reformas educativas, otra de las discusiones
Mejía identifica tres grandes dificultades: la falta de claridad sobre el propósito de las escuelas, la distancia entre los especialistas y las familias, y la sucesión de reformas educativas.
“Si fuera por reformas educativas, seríamos Noruega. Finlandia se nos quedaría corta. Yo tengo contabilizadas alrededor de siete en el siglo XX y lo que va del XXI, y parecería que no hay grandes cambios”, señaló.
Ante este escenario, propone revisar las prácticas que han permitido avanzar a estudiantes de otros países.
“Olvidémonos de las reformas educativas y defendamos las prácticas de lo que sí funciona. Hay algo que a los niños de Vietnam, Singapur o Macao les está funcionando, algo que están haciendo y que no estamos haciendo nosotros”, expresó.
“Nadie aprende con miedo”
El productor también habló sobre los resultados de México en la prueba PISA, evaluación en la que el país participa desde hace más de 20 años.
A su consideración, las dificultades de aprendizaje pueden tener consecuencias posteriores en la vida laboral.
“PISA, en los jóvenes de 15 años, es una fotografía de los próximos 15 años, cuando se integren de manera más consolidada al mercado de trabajo. Si tienen competencias muy débiles, el mercado va a ser muy débil, chico y reducido”, explicó.
Sin embargo, señaló que las prioridades educativas deben considerar las condiciones de cada comunidad.
Puso como ejemplo ciudades como Culiacán, Reynosa y Uruapan, donde los niveles de violencia pueden convertir en una prioridad que los estudiantes lleguen a la escuela y regresen a sus hogares de manera segura.
“Nadie aprende con miedo. Entonces, ya podemos ir descartando 30% del sistema educativo que está en este tipo de territorios”, advirtió.
Con “El fin de la escuela”, Mejía busca que estas situaciones sean discutidas fuera de los círculos especializados y que la película sirva como punto de partida para que familias, docentes y estudiantes reflexionen sobre qué debe enseñar la escuela y cuál debería ser su propósito.

