El ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, declaró que el Gobierno ruso aún no ha recibido aclaraciones oficiales de Washington sobre las recientes declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, quien insinuó la posible reanudación de las pruebas nucleares por parte de su país.
“No, todavía no hemos recibido ninguna aclaración por vías diplomáticas sobre a qué se refería el presidente Trump cuando anunció la reanudación de las pruebas nucleares”, afirmó Lavrov ante medios locales.
Incertidumbre sobre el tipo de pruebas
El canciller ruso señaló que no está claro si Trump aludía a pruebas de portadores de armas nucleares o a ensayos subcríticos, los cuales no generan reacciones nucleares y son realizados por potencias nucleares para mantener la seguridad y operatividad de sus arsenales.
Según Lavrov, este tipo de ensayos no violan el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (CTBT), ya que el acuerdo aún no ha entrado formalmente en vigor.
“O quizás Donald Trump se refería a la intención de Washington de reanudar las pruebas nucleares reales a gran escala”, añadió el ministro.
Falta de consenso en Washington
Lavrov también destacó que los comentarios contradictorios emitidos por representantes del gobierno estadounidense reflejan una falta de consenso interno sobre lo que realmente quiso decir Trump con sus declaraciones.
El jefe de la diplomacia rusa subrayó que el Kremlin mantiene cautela ante los posibles escenarios, y recordó que Vladímir Putin ha instruido al Ministerio de Defensa, Exteriores y los servicios de inteligencia a elaborar una propuesta consensuada sobre la posibilidad de reanudar los preparativos para pruebas nucleares.
Contexto geopolítico
Las declaraciones de Lavrov se producen en un momento de tensión creciente entre Moscú y Washington, mientras ambos países modernizan sus arsenales nucleares y se cuestionan los límites de los tratados internacionales sobre control de armas.
Analistas consideran que una eventual reanudación de pruebas nucleares a gran escala podría agravar la inestabilidad global y marcar un retroceso histórico en los esfuerzos internacionales por la no proliferación.

