Once años de espera terminaron con una noche perfecta para Seattle. Los Seahawks ofrecieron una actuación demoledora en el Super Bowl LX y derrotaron con autoridad 29-13 a los Patriots de Nueva Inglaterra en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California, para conquistar el segundo trofeo Vince Lombardi de su historia.
Desde el primer cuarto quedó claro que sólo un equipo estaba listo para la gran cita. La defensiva de Seattle, considerada la mejor de la NFL durante la temporada, impuso condiciones y anuló por completo a la ofensiva de los Patriots. Drake Maye vivió una pesadilla: fue capturado en seis ocasiones y entregó el balón tres veces, incluida una intercepción que sentenció el partido en el último cuarto.
Nueva Inglaterra no logró llegar a la zona de anotación sino hasta el periodo final, cuando el duelo ya estaba decidido. La presión constante, la velocidad en los apoyos y la disciplina táctica de los Seahawks convirtieron la noche en un infierno para el ataque comandado por el joven quarterback.
Aunque Sam Darnold tuvo una actuación discreta, cumplió con su papel y escribió su nombre en la historia al convertirse en campeón de la NFL, silenciando a quienes dudaban de su carrera. Sin embargo, la gran figura del encuentro fue el pateador Jason Myers, quien firmó una noche inolvidable.
Myers conectó cinco goles de campo y rompió el récord de más anotaciones por esa vía en un Super Bowl. Sumando puntos extra, aportó 17 unidades al marcador, convirtiéndose en el principal generador de la ventaja que jamás estuvo en riesgo para Seattle.
El llamado Jugador Número 12 también jugó su partido. Aunque los Patriots figuraban como locales administrativos, la afición de Seattle transformó Santa Clara en una extensión de Lumen Field, creando un ambiente ensordecedor que impulsó a su equipo de principio a fin.
Ni siquiera las anotaciones de Mack Hollins y Rhamondre Stevenson lograron despertar a unos Patriots inoperantes, superados en todas las líneas. La intercepción de Julian Love, safety de ascendencia mexicana, a ocho minutos del final fue el golpe definitivo. Minutos después, Uchenna Nwosu selló la victoria y desató la fiesta azul y esmeralda.
Tal como el espectáculo de medio tiempo encabezado por Bad Bunny, Seattle le dio un “Baile Inolvidable” a Nueva Inglaterra. Once años después, los Seahawks vuelven a lo más alto y la NFL tiene, oficialmente, un nuevo monarca.

