El 23 de febrero es una fecha especial en Japón, ya que se conmemora el Día del Monte Fuji, una jornada dedicada a honrar al Monte Fuji, la montaña más alta y emblemática del país con 3,776 metros de altura.
La celebración fue establecida oficialmente por las prefecturas de Shizuoka (2009) y Yamanashi (2011), regiones donde se ubica el volcán. Ambas designaron el 23 de febrero como fecha conmemorativa.
¿Por qué el 23 de febrero?
La elección responde a un juego de palabras japonés conocido como goroawase, que permite asociar números con sonidos.
El número 2 puede leerse como “fu” o “ji”, y el 3 como “san”. De esta manera, 2-2-3 (23 de febrero) se pronuncia como “Fu-ji-san”, nombre japonés del Monte Fuji.
Además, en esta época del año la montaña suele apreciarse con mayor claridad gracias al clima invernal.
Un símbolo cultural y artístico
El Monte Fuji fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2013 bajo el título: “Monte Fuji, Objeto de Fe y Fuente de Arte”.
Ha inspirado numerosas obras, entre ellas la célebre serie ukiyo-e “Treinta y seis vistas del Monte Fuji” de Katsushika Hokusai, que incluye la icónica “Gran ola de Kanagawa”.
También aparece en la literatura japonesa, como en relatos vinculados a la leyenda de la Princesa Kaguya y en “Cien vistas del Monte Fuji” de Osamu Dazai.
Incluso figura en los billetes de 1,000 yenes, tanto en la versión de 2004 como en la renovada emisión de 2024.
Eventos y celebraciones
En Shizuoka y Yamanashi se realiza el “Festival del Día del Monte Fuji”, con ceremonias oficiales, actividades culturales y eventos comunitarios.
En ediciones recientes se distribuyeron 3,776 bolas de arroz —en honor a la altura de la montaña— y se organizaron talleres, actividades deportivas y exhibiciones artísticas en el Centro del Patrimonio Mundial del Monte Fuji.
Más allá del 23 de febrero
Aunque el Día del Monte Fuji es una conmemoración regional, Japón también celebra el 11 de agosto el Día de la Montaña, un festivo nacional que invita a valorar la riqueza natural del país.
Con su presencia en el arte, la literatura, la economía y el imaginario colectivo, el Monte Fuji no es solo una montaña: es un emblema cultural profundamente arraigado en la identidad japonesa.

