El presidente de Donald Trump ha comenzado a utilizar a altos mandos militares como actores centrales en negociaciones diplomáticas clave, una estrategia que, según especialistas, rompe con la tradición diplomática de Estados Unidos y subraya el peso del poderío militar en la política exterior de su administración.
La nueva dinámica quedó en evidencia con la participación del Brad Cooper, jefe del Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), en las conversaciones indirectas entre Estados Unidos e Irán sobre el programa nuclear de Teherán, celebradas recientemente en Omán. El almirante acudió uniformado, un gesto interpretado como un mensaje de fuerza y disuasión hacia la República Islámica.
Militares en la primera línea diplomática
En paralelo, el secretario del Ejército estadounidense, Dan Driscoll, ha asumido un papel activo en los esfuerzos para destrabar las negociaciones entre Rusia y Ucrania, tras más de tres años de guerra. De acuerdo con fuentes cercanas al proceso, Driscoll ha funcionado como un enlace directo con autoridades ucranianas, aprovechando su experiencia militar y su cercanía con el equipo de Trump.
Estas decisiones se suman al papel del enviado especial Steve Witkoff y del yerno presidencial Jared Kushner, quienes participan de forma paralela en distintos frentes diplomáticos, aunque sin especialización regional.
Críticas por desplazamiento de la diplomacia tradicional
Para analistas como Elisa Ewers, exfuncionaria de seguridad nacional en administraciones republicanas y demócratas, la presencia de militares en activo en funciones diplomáticas refleja una desconfianza hacia los diplomáticos de carrera y una dependencia excesiva del sector castrense.
“La diplomacia exitosa requiere tiempo y trabajo constante; no todo problema se resuelve con un martillo”, advirtió la académica del Center for a New American Security.
¿Mensaje político o ventaja técnica?
Otros expertos matizan la crítica. Eliot Cohen, exasesor del Departamento de Estado, recordó que durante la Guerra Fría los generales estadounidenses participaron en negociaciones de control de armas con la Unión Soviética. No obstante, reconoció que involucrar a un secretario civil del Ejército en negociaciones internacionales es menos común.
Desde la perspectiva de Michael O’Hanlon, de la Brookings Institution, la presencia de Cooper en Omán parece diseñada para intimidar y enviar una señal de determinación, más que para fortalecer técnicamente la mesa de diálogo.
En contraste, Michael Singh, del Washington Institute for Near East Policy, consideró que el almirante aporta conocimiento especializado sobre capacidades militares y nucleares de Irán, algo clave en negociaciones altamente técnicas.
Un giro con implicaciones globales
La Casa Blanca no ha explicado oficialmente por qué Trump optó por esta estrategia. Sin embargo, el uso de figuras militares en negociaciones sensibles marca un cambio profundo en la forma en que Estados Unidos proyecta su poder, combinando diplomacia y fuerza como herramientas simultáneas.
Para algunos, se trata de pragmatismo presidencial; para otros, de un riesgo que puede militarizar la política exterior y debilitar los canales diplomáticos tradicionales.

