Trump presiona contra cárteles y choca con la estrategia de Sheinbaum en México
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha intensificado su discurso contra los cárteles mexicanos y ha presionado reiteradamente para que se desplieguen tropas estadounidenses en México con el objetivo de “eliminarlos”. Sin embargo, su postura se topa con una negativa clara de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien ha rechazado cualquier intervención militar extranjera en territorio nacional.
En declaraciones recientes a Fox News, Trump afirmó que Sheinbaum “es una buena mujer”, pero sostuvo que su resistencia obedece al miedo y no a la complicidad. “Los cárteles gobiernan México”, dijo, sugiriendo que el Estado mexicano ha sido rebasado por el crimen organizado.
Más que violencia: el problema estructural
Si bien los cárteles mexicanos son organizaciones altamente violentas, especialistas y periodistas que han cubierto el país durante años coinciden en que la fuerza militar por sí sola no puede erradicarlos. El problema de fondo no es únicamente el enfrentamiento armado, sino la integración histórica del narcotráfico dentro de estructuras políticas y de poder local.
Diversos análisis señalan que miembros de alto perfil de Morena, el partido gobernante fundado por Andrés Manuel López Obrador, han enfrentado acusaciones por presuntos vínculos con el crimen organizado. Combatir a los cárteles, en este contexto, implica también desmantelar redes políticas que han garantizado protección e impunidad durante décadas.
Un partido dividido y riesgos políticos
A diferencia de su antecesor, Sheinbaum no cuenta con un control absoluto sobre Morena, hoy fragmentado en facciones leales a ella y a López Obrador. Una ofensiva frontal contra políticos corruptos podría provocar fracturas internas, debilitar al partido y afectar su desempeño rumbo a las elecciones intermedias.
Esta fragilidad política reduce el margen de maniobra de la presidenta frente a las exigencias de Washington y limita la posibilidad de una “guerra total” como la que plantea Trump.
La colusión histórica entre Estado y narcotráfico
En Estados Unidos persiste una visión simplificada del narcotráfico, alimentada por series como Narcos: México, que retratan a capos aislados como Joaquín El Chapo Guzmán. Sin embargo, historiadores documentan vínculos entre autoridades y redes criminales que se remontan a más de un siglo.
Durante el largo periodo de partido único en México, gobiernos estatales y locales protegían a ciertos grupos criminales a cambio de sobornos, una práctica que se transformó, pero no desapareció, tras la transición democrática del año 2000 y la llamada guerra contra las drogas iniciada en 2006.
Cárteles fragmentados, control territorial
Con la caída de grandes líderes, organizaciones como Los Zetas y La Familia Michoacana se fragmentaron. Sus herederos operan hoy como señores territoriales que, además de traficar drogas, extorsionan comercios, roban combustible y controlan rutas migratorias, en ocasiones con apoyo o sometimiento de autoridades locales.
Un caso emblemático ocurrió en Tabasco, donde Hernán Bermúdez Requena, exjefe de seguridad estatal, fue acusado de dirigir en secreto un grupo criminal. Su principal respaldo político habría sido Adán Augusto López Hernández, exgobernador y actual senador de Morena, lo que generó fuertes cuestionamientos dentro y fuera del partido.
Violencia política y elecciones bajo amenaza
La influencia del crimen organizado ha llegado al extremo de intervenir directamente en procesos electorales. Antes de los comicios de 2024, alrededor de 30 candidatos locales fueron asesinados y cientos más abandonaron sus campañas por amenazas, evidenciando el nivel de control territorial de los grupos criminales.
El dilema de Sheinbaum ante Trump
Sheinbaum ha endurecido su discurso y acciones frente al crimen: desplegó miles de soldados en la frontera, extraditó a 92 presuntos líderes criminales y presume una baja en la tasa de homicidios. No obstante, su estrategia evita confrontar abiertamente las estructuras políticas que sostienen a las organizaciones criminales.
Esta cautela responde tanto a cálculos políticos como al temor de detonar nuevas olas de violencia. La experiencia reciente demuestra que la ruptura abrupta de redes de protección suele derivar en enfrentamientos sangrientos entre grupos rivales.
Entre la presión externa y el statu quo interno
Mientras Trump exige una cruzada frontal contra los cárteles, Sheinbaum enfrenta un sistema político donde el combate al crimen organizado podría implicar desestabilizar a su propio partido. En medio de esa tensión, la presidenta mexicana parece atrapada entre la presión de una superpotencia y una maquinaria política que, en parte, sobrevive gracias al statu quo.

