Con un prolongado apretón de manos y sonrisas ante las cámaras, Donald Trump y Vladimir Putin dieron inicio este viernes a una cumbre que podría redefinir la guerra en Ucrania y las relaciones entre Estados Unidos y Rusia.
El encuentro se realiza en territorio estadounidense, a escasos kilómetros de Rusia, en una base militar clave durante la Guerra Fría. Aviones B-2 y F-22 sobrevolaron el lugar en una ceremonia que subrayó el simbolismo del momento.
Originalmente planeada como una reunión privada, la cita se amplió a un formato reducido con presencia de altos diplomáticos de ambos países, lo que refleja una postura más cautelosa que en su encuentro de 2018 en Helsinki.
Trump busca proyectarse como un negociador capaz de lograr un acuerdo rápido para poner fin al conflicto, mientras Putin aspira a consolidar sus ganancias militares y frenar el ingreso de Ucrania a la OTAN. Sin embargo, la ausencia del presidente ucraniano Volodimir Zelensky ha generado críticas y temores de que se alcance un acuerdo sin el visto bueno de Kiev.
El mandatario estadounidense ha admitido que hay un 25% de posibilidades de que la cumbre fracase, pero también ha sugerido que, si avanza, podría derivar en una reunión trilateral con Zelensky. Entre los temas previstos figuran las demandas rusas de cesión territorial por parte de Ucrania y posibles garantías de seguridad fuera del marco de la OTAN.
Líderes europeos y la OTAN observan de cerca, preocupados por que Washington haga concesiones a Moscú sin incluir a Kiev. El desenlace de esta cumbre podría marcar un giro en la geopolítica global y en el rumbo de la guerra.

