El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró que su administración analiza una posible “toma de control amistosa” de Cuba, en un contexto de presión política y económica hacia la isla.
Desde la Casa Blanca, antes de viajar a Texas, el mandatario afirmó que existen conversaciones con el gobierno cubano y subrayó que el país caribeño enfrenta una situación financiera crítica. “No tienen dinero, no tienen nada en este momento, pero están hablando con nosotros”, expresó ante medios de comunicación.
Presión diplomática y energética
Las declaraciones ocurren mientras Washington mantiene restricciones energéticas contra la isla, justificadas bajo el argumento de que Cuba representa una “amenaza excepcional” para la seguridad nacional estadounidense. El bloqueo energético fue reforzado desde enero.
En paralelo, el secretario de Estado, Marco Rubio, señaló que Cuba requiere un “cambio radical”. Sus comentarios se produjeron durante una cumbre de la Comunidad del Caribe (Caricom) celebrada en San Cristóbal y Nieves.
No obstante, días antes, Estados Unidos había flexibilizado ciertas restricciones relacionadas con exportaciones de petróleo hacia la isla por motivos humanitarios, en medio de la crisis económica que atraviesa el país.
Contactos paralelos
De acuerdo con reportes de los medios Miami Herald y Axios, funcionarios estadounidenses cercanos a Rubio sostuvieron reuniones con Raúl Rodríguez Castro, nieto del exmandatario cubano Raúl Castro.
Aunque Rodríguez Castro no ocupa un cargo formal dentro del gobierno cubano, es considerado una figura con influencia en ciertos círculos de poder en la isla.
Axios ya había informado previamente que Rubio, hijo de padres cubanos, mantenía comunicación con él, lo que añade un componente diplomático adicional a la compleja relación entre ambos países.
Contexto regional
Las declaraciones de Trump y Rubio se producen en un momento de alta tensión geopolítica en el Caribe, con Cuba situada a aproximadamente 150 kilómetros de la costa de Florida y en medio de una profunda crisis económica interna.
Por ahora, no se han ofrecido mayores detalles sobre lo que implicaría concretamente una eventual “toma de control amistosa”, mientras continúan las conversaciones y el debate internacional sobre el rumbo de la política estadounidense hacia la isla.

