Durante décadas, el nombre de Prince Andrew, tercer hijo de la fallecida Queen Elizabeth II, estuvo asociado al privilegio, la vida social y su papel como piloto en la Guerra de las Malvinas. Sin embargo, su trayectoria pública dio un giro radical tras revelarse su cercanía con el financiero estadounidense Jeffrey Epstein, acusado y condenado por delitos sexuales.
De “hijo favorito” a figura incómoda en la monarquía
Nacido el 19 de febrero de 1960 en el Palacio de Buckingham, Andrew Mountbatten-Windsor fue considerado durante años el “hijo predilecto” de Isabel II. Su participación en la Guerra de las Malvinas en 1982, como piloto de helicóptero de la Marina Real británica, reforzó su imagen de valentía ante la opinión pública.
Tras más de dos décadas en la Royal Navy, asumió el cargo de representante especial del Reino Unido para el comercio internacional, función que desempeñó entre 2001 y 2011. No obstante, su estilo de vida y los gastos asociados al cargo generaron críticas constantes.
El vínculo con Epstein y la caída pública
El escándalo estalló cuando se hicieron públicos sus vínculos con Jeffrey Epstein. En 2019, Andrew concedió una entrevista a la BBC que fue ampliamente cuestionada por su tono y contenido, al intentar explicar su relación con el financiero. La aparición televisiva agravó la crisis de imagen y lo llevó a retirarse de la vida pública.
En 2022, enfrentó una demanda civil presentada por Virginia Giuffre, quien lo acusó de agresión sexual cuando era menor de edad. Aunque el príncipe negó las acusaciones, el caso se resolvió mediante un acuerdo extrajudicial. Posteriormente, perdió sus títulos militares honoríficos y el tratamiento de “Su Alteza Real” en funciones oficiales.
Distancia desde el trono
Tras la muerte de Isabel II y la llegada al trono de King Charles III, la Casa Real marcó distancia con Andrew. El actual monarca expresó públicamente su preocupación por las acusaciones y dejó claro que la institución debía proteger su credibilidad.
Lo que alguna vez fue visto como una carrera destacada dentro de la familia real británica terminó convirtiéndose en uno de los episodios más polémicos de la monarquía contemporánea. De héroe militar a símbolo de controversia, la figura del duque de York representa uno de los mayores desafíos reputacionales para la Corona en tiempos recientes.

