Bad Bunny firmó una noche histórica en el Super Bowl LX. El artista puertorriqueño se convirtió en el primer intérprete latino en encabezar un espectáculo de medio tiempo interpretado íntegramente en español, dejando un mensaje contundente ante millones de espectadores: la cultura latina ya no acompaña, lidera.
Frente a más de 70 mil aficionados en el Levi’s Stadium y una audiencia global que superó los 100 millones de personas, Benito Martínez Ocasio transformó el escenario más visto del deporte estadounidense en una celebración latinoamericana sin precedentes.
El espectáculo arrancó con “Tití me preguntó”, desatando la euforia desde los primeros segundos, y continuó con éxitos como “Yo perreo sola”. A partir de ahí, el show se convirtió en una fiesta multicultural que recorrió distintos géneros como el reguetón, la salsa, la bachata y el trap.
El escenario, dividido en múltiples espacios temáticos, evocó elementos profundamente ligados a la identidad caribeña: campos de caña de azúcar, tiendas de barrio y un salón de fiestas que simuló una boda, reflejando la narrativa cotidiana que caracteriza la música del artista boricua.
A lo largo del espectáculo, Bad Bunny rindió homenaje a las distintas etapas de su carrera e incluyó guiños a leyendas del género urbano, mientras un numeroso cuerpo de baile resaltó símbolos tradicionales de Puerto Rico, como los sombreros jíbaros, en una puesta en escena cargada de identidad cultural.
Sin recurrir a discursos políticos directos, el mensaje fue claro. En una noche dedicada a Latinoamérica, el cantante celebró el orgullo, la perseverancia y la fuerza de una comunidad que ha cruzado fronteras a través de la música.
El cierre llegó entre fuegos artificiales y banderas latinoamericanas ondeando en el estadio, mientras en las pantallas se proyectaba una frase que sintetizó la esencia del show: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”.

