El duelo por el campeonato de la NFL ya está definido. El próximo 8 de febrero, en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California, los Patriots de Nueva Inglaterra y los Seahawks de Seattle se enfrentarán en el Super Bowl LX, reviviendo una de las rivalidades más memorables de la era reciente de la liga.
El antecedente entre ambas franquicias se remonta a hace 11 años, cuando en Glendale, Arizona, Nueva Inglaterra se coronó campeona tras una histórica intercepción de Malcolm Butler en la yarda uno, frustrando a Russell Wilson en los segundos finales del Super Bowl XLIX. Aquella noche, Tom Brady lanzó cuatro pases de anotación, fue nombrado Jugador Más Valioso y dio inicio a una década dorada para los Patriots.
Ese episodio aún pesa en la memoria de los aficionados de Seattle, quienes ahora ven una nueva oportunidad de revancha, esta vez bajo el liderazgo del mariscal Sam Darnold y el entrenador en jefe Mike Macdonald.
Nueva Inglaterra, por su parte, buscará hacer historia. Con seis títulos de Super Bowl, los Patriots disputarán su duodécima final, con la posibilidad de superar a los Steelers de Pittsburgh y convertirse en el equipo más ganador en solitario en la historia de la NFL.
Tras siete años de reconstrucción, los Patriots regresan al Súper Domingo luego de imponerse a los Broncos de Denver en el Campeonato de la Conferencia Americana. Seattle, en cambio, llegó como uno de los grandes favoritos al título y confirmó su estatus al mantener su invicto en finales de la Conferencia Nacional, tras vencer a los Rams de Los Ángeles en el Lumen Field.
En dos semanas, la NFL conocerá a su nuevo campeón, y la expectativa es máxima: aficionados y analistas esperan un desenlace tan intenso y memorable como el que Patriots y Seahawks protagonizaron hace más de una década.

