Ni el mejor algoritmo habría podido anticipar la respuesta que Chris Pratt vivió en la Ciudad de México durante la presentación de su nueva película Sin piedad. Entre gritos, selfies improvisadas y una cercanía poco común, el actor confirmó que la conexión humana sigue superando cualquier inteligencia artificial.
La visita del protagonista de Guardianes de la Galaxia incluyó una intensa jornada que comenzó con su ascenso a la Torre Latinoamericana y culminó por la noche en el centro comercial Mitikah, en Coyoacán, donde cientos de seguidores se congregaron para verlo aunque fuera a la distancia.
El lugar lució completamente abarrotado. Balcones, pasillos y accesos se llenaron de fanáticos que llevaron desde figuras de acción y pósters hasta cascos de Star-Lord y objetos inesperados, todos con la esperanza de obtener un autógrafo o una fotografía. Pratt respondió con sonrisas, gestos de complicidad y palabras de agradecimiento que desataron la euforia colectiva.
“De verdad no me lo esperaba. Los fans mexicanos son increíbles. Me siento muy agradecido, esta es una noche muy especial. Amo México”, expresó el actor visiblemente conmovido.
La coprotagonista del filme, Kali Reis, también se mostró sorprendida por la calidez del público mexicano, reafirmando la fama internacional del país por su cercanía con los artistas que lo visitan.
Entre la IA y los tacos
Sin piedad es un thriller que explora el uso de la inteligencia artificial en la toma de decisiones judiciales, un tema que Pratt considera fascinante y preocupante al mismo tiempo. “La tecnología avanza muy rápido. Soy optimista, pero la IA también puede ser inquietante”, comentó durante su participación en el evento.
Con su característico sentido del humor, el actor incluso imaginó una posible secuela ambientada en México. “Sería una historia de detectives. Mi personaje vendría a resolver crímenes con ayuda de la IA, pero no habría wifi, así que la gente mexicana me ayudaría y terminaríamos comiendo tacos al pastor toda la noche”, bromeó.
Tras convivir nuevamente con los asistentes y agradecer entre porras y aplausos, Pratt ingresó a la sala para la primera proyección del filme. En cuestión de minutos, la plaza quedó vacía, aunque un pequeño grupo de seguidores logró verlo una vez más antes de su retiro definitivo.
Los rostros de satisfacción lo dejaron claro: la paciencia y la cercanía valieron la pena, en una noche donde la emoción humana superó cualquier simulación digital.

