El subcampeonato del Apertura 2025 abre el debate sobre si la gestión de Guido Pizarro fue un fracaso o un proceso en construcción.
La derrota de Tigres ante Toluca en la final del torneo Apertura 2025, definida en tanda de penales, desató el debate entre la afición y los analistas: ¿el primer torneo completo de Guido Pizarro como responsable del proyecto deportivo puede catalogarse como un fracaso?
Desde lo estrictamente deportivo, Tigres se quedó a un paso del título. El equipo alcanzó la final del torneo, compitió de tú a tú frente a uno de los planteles más sólidos del certamen y cayó únicamente desde los once pasos, un factor que suele considerarse circunstancial más que estructural. Bajo ese contexto, el resultado difícilmente encaja en una definición tradicional de fracaso.
Sin embargo, la exigencia histórica del club felino y el peso de su plantilla colocan la vara en lo más alto. Para un sector de la afición, no levantar el trofeo, especialmente tras haber tenido opciones reales de campeonato, representa una oportunidad perdida. La expectativa de títulos inmediatos sigue siendo parte del ADN de Tigres.
El Apertura 2025 también marcó una transición interna para el equipo. La consolidación de un nuevo liderazgo, ajustes tácticos y la convivencia entre referentes históricos y nuevos elementos formaron parte del proceso encabezado por Pizarro, quien asumió el reto en un entorno de alta presión.
Más allá del resultado final, Tigres mostró regularidad a lo largo del torneo, mantuvo protagonismo en la liguilla y reafirmó su condición de candidato. Estos factores apuntan a un proyecto competitivo que, aunque no culminó con el campeonato, dejó bases claras para el siguiente semestre.
Con la llegada del mercado invernal y la salida de jugadores como Sebastián Córdova, la evaluación del torneo se vuelve más profunda. El Apertura 2025 no entregó el título, pero sí planteó un escenario de reconstrucción controlada que podría rendir frutos a mediano plazo.
En conclusión, el torneo de Guido Pizarro difícilmente puede catalogarse como un fracaso rotundo. El subcampeonato duele, pero también confirma que Tigres sigue instalado en la élite del fútbol mexicano, con margen de mejora y objetivos claros rumbo al próximo certamen.

